
Comprar una lámpara calefactora basándose únicamente en las especificaciones técnicas es, en realidad, un riesgo. Puedes elegir un tubo de cuarzo de 230 V con la potencia y longitud adecuadas según los datos técnicos, pero en la práctica, eso no importa. Si el ángulo del reflector no es el correcto o hay obstrucciones en el flujo de aire, la lámpara se quemará mucho antes de lo esperado. Lo vemos constantemente. Los ingenieros nos llaman para pedir piezas de repuesto, cuando en realidad el problema radica en que todo su sistema térmico está desequilibrado.
Lo importante en las lámparas calefactoras de cuarzo es la densidad de calor. Ya sea que uses tubos halógenos de onda corta o tubos infrarrojos recubiertos, lo importante es que esa energía llegue de forma efectiva al objeto que se quiere calentar. Pero hay un problema: cuanto más energía se envía, mayor es la carga sobre el revestimiento de cuarzo y los conectores eléctricos. Si los cables no pueden soportar esa carga, los terminales se derretirán mucho antes de que la lámpara se dañe realmente. Es un verdadero desastre.
Por eso, simplemente reemplazar una pieza por otra rara vez resuelve el problema. Nos gusta examinar todo el sistema en su conjunto: ¿el tubo se dobla debido a su propio peso? ¿Los elementos de montaje crean puntos calientes? Si hay una distribución desigual del calor en la superficie del vidrio, una nueva lámpara no es la solución. Probablemente haya un problema con el blindaje contra las radiaciones o con la fuente de alimentación, que genera voltajes elevados.
Prefirimos ir directamente a tu taller para verlo por nosotros mismos. Realizamos un análisis térmico y medimos la temperatura real de la superficie del vidrio en comparación con la energía que emite la lámpara. Eso nos permite saber si estás perdiendo electricidad innecesariamente o si el núcleo de la lámpara no recibe suficiente calor.
No estamos aquí solo para venderte una lámpara. Te ayudaremos a ajustar la distancia, el tiempo de funcionamiento y el voltaje hasta que todo esté equilibrado. Es la única manera de detener ese ciclo frustrante de tener que reemplazar la misma pieza cada tres meses.